lunes, abril 07, 2008

Una cita

No suelo citarme a ciegas, pero hace unos días, por esas casualidades que nos depara la internet, conocí por chat a una chica llamada Sofía, y después de algunas charlas estimulantes resolvimos vernos personalmente.

Llegó el día de la cita. Las horas previas estuve algo nervioso. Vestido con mi mejor ropa, fui al bar donde nos encontraríamos. Ella iba a llevar una remera roja, así es como la reconocería.

Llegué al lugar acordado. La vi, sentada en una mesa junto a una ventana; era la única con remera roja. No quiero pecar de prejuicioso, pero debo admitir que al verla me sorprendí, porque era una langosta. A pesar de mi sorpresa, como no soy hombre que le esquive a la cortesía, me acerqué a ella.

--Hola. ¿Sofía? --pregunté.
--¡Sí! ¡Guillermo! --respondió

Continuamos hablando de algunas trivialidades. Yo pedí una cerveza; ella, una hoja. No estaba tranquilo; me inquietaba estar hablando con una langosta de un metro y medio. Entusiasmado con la conversación, por momentos me olvidaba de la curiosa naturaleza de mi compañera, pero volvía a recordarla cuando me rozaba sin querer con una de sus antenas.

Yo no soy de los que creen que haya que andar aclarando cosas apenas uno sale con alguien; ya hay tiempo para eso. Pero comprendí que no podía dejar de señalarle lo que me preocupaba.

--Sofía, yo me considero una persona más o menos normal. Por supuesto, como todos, tengo mis mañas y mis pequeñas excentricidades. No soy quién para juzgar a nadie, pero hay algo que yo creo que tenemos que aclarar. Vos sos una langosta, ¿no?
--Sí, ¿cómo te diste cuenta? --dijo, y abrió las alas; tal vez mi pregunta la sobresaltó.
--La verdad es que me caés bien y pienso que podríamos llegar a algo más. Pero no sé, si te soy sincero, me cuesta imaginarme de novio con una langosta. Sé que soy un tonto, pero me preocupa el qué dirán.
--Ah, claro, vos lo que querés es pasar una noche y a otra cosa. Sos como todos: a vos solamente te interesan mis gónadas.
--No me malinterpretes. Yo...
--Mirá, no me interesa escucharte.

Se puso medio anaranjada. Movió las patas posteriores, se agazapó y dio un salto desde nuestra mesa hasta la puerta. Y salió del bar y de mi vida. Apesadumbrado, me fui a encontrarme con la soledad.

martes, diciembre 25, 2007

Navidad

martes, agosto 28, 2007

Gran Hermano Zombie

Dados los bajos ratings de Gran Hermano, las autoridades de La Televisión decidieron poner al aire una versión modificada del reality show: Gran Hermano Zombie.

Para poner sal y pimienta en la casa, habrá un participante que es ¡un zombie encubierto! Los chicos no lo saben, así que, en cualquier momento, ¡podría estar comíendose sus cerebros!

Vamos a ver a algunos de los participantes presentándose. ¡Les deseamos suerte!

jueves, enero 04, 2007

Espacio para publicidad

Los publicitarios, desde hace ya muchos años, nos han querido convencer de comprar tal o cual mercancía. En los primeros tiempos, de mayor inocencia, los trucos no pasaban de exageraciones o promesas falsas; hoy, algunas publicidades son verdaderas abominaciones. No deja de sorprenderme que se la pasen recibiendo premios. También es curioso que la palabra creativo esté tan ligada a un publicitario: un creativo es un tipo que hace propagandas.

Podría dar una infinidad de ejemplos de publicidades detestables, pero quiero mencionar unos eslóganes que he visto últimamente. No son de la peor calaña; resultan un poco graciosos por lo desafortunados que son.

"Lo tuyo es tuyo", dice un cartel de una empresa que provee un sistema para facilitar el seguimiento de autos robados. Realmente no hay que estar muy inspirado para hacer esa afirmación, una tautología. Lo tuyo es tuyo, un árbol es un árbol, uno más uno es uno más uno. Aunque no tenga que ver con el eslogan, no puedo dejar de decir que no tenga la menor noción de cómo funciona ese sistema; me da gracia imaginarme que hay unos policías mirando una pantalla como esa que hay en la película "Alien" y que uno dice: "¡Está justo frente a nosotros!"

Hace un tiempo vi en el sitio de internet de una cadena de restaurantes de comida rápida esta frase: "Nuestros empleados son el ingrediente secreto". Si hubiera sido una empresa de otro rubro, habría pensado que la frase debía entenderse como una exaltación de los empleados. Sin embargo, por tratarse de restaurantes, surge la terrible duda: ¿no será literal esa frase? Esperemos que no sea cierto y que esas hamburguesas tuvieran los ingredientes que deben tener: lombrices y diarios viejos.

En un colectivo vi una propaganda que decía algo así como: "Lo mejor de la vida pasa en el baño". ¿Están seguros? Yo no digo que no pasen algunas cosas buenas en ese recinto, pero lo mejor de la vida, ¿no será mucho?. Aunque a decir verdad, yo no estoy del todo seguro de qué es lo mejor de la vida; quién sabe, tal vez me pasa cada vez que voy al baño y no me di cuenta. Quién diría que eso que estamos pensando podía ser lo mejor de la vida.

sábado, diciembre 09, 2006

Jugala callado

Hay algo nuevo en este blog: un juego. No está del todo terminado; trataré de arreglar los problemas que tiene y agregar algún detalle más, próximamente. Por ahora sólo funciona con Internet Explorer; espero que en algún momento pueda hacerlo andar con otros navegadores.
Sé que los responsables de varios sitios que tenían un clon de este juego fueron instados, por la compañía que lo creó, a que lo quitaran. Pero como a esta página no entra prácticamente nadie, dudo de que tenga problemas legales con la gente que inventó el juego. Y aprovechando esa impunidad que da la escasez de visitas, en las próximas entradas voy a poner muchos más insultos a famosos, que es lo que todos queremos.

Se juega con estas teclas: A S D W

domingo, diciembre 03, 2006

No viene más

Es sabido que la espera de un colectivo, en una fría noche solitaria, invita a la superstición, al examen de la propia conciencia, al cambio de religión y a contar las baldosas de la vereda; y qué hice yo para merecer esto, quién me mandó a esperar en este páramo, será de Dios. Hay quienes niegan el carácter decisivo que estas esperas puedan tener sobre el espíritu, arguyendo que los pesares del alma son de otra profundidad; estas personas suelen viajar en taxi.

He aquí una pequeña colección de circunstancias para leer en la parada del colectivo.



¿Tardará mucho?

La espera empieza con incertidumbre, con una interrogación de lo porvenir. Pero también, quizás, con cierta disposición a sobrellevar la adversidad, mitad por optimismo y mitad por no haber estado más de quince minutos chupando frío. Se conocen, entre otros, estos métodos de estimación del tiempo de espera, de diverso grado de confianza: “Si hay varias personas en la parada, ya debe estar por venir”, “Cada vez que prendo un pucho, viene”, “No puedo tener tanta mala suerte”.



Justo hoy que tengo que tomarme el 63, viene el 44; ¿dónde estabas ayer?

El frío y el tedio pueden hacerle creer a uno que la suerte le es decididamente opuesta. Uno se embronca con el destino que es artero, porque con ironía cruel le pone ante sí colectivos de líneas que no necesita y, lo que considera más terrible, que sí necesitó en otras esperas en las que no aparecían. Por descubrir esta maniobra cósmica en su contra, uno siente una estoica alegría que ni por un momento es manchada por la sospecha de que no está razonando bien.



¡Ahí viene! Ay, no, era una bicicleta.

Empujadas por la esperanza, las cosas se parecen a nuestros deseos: cualquier cosa es el 117. El desengaño, que puede tomar la forma de, por ejemplo, un rastrojero, en ocasiones sobreviene recién cuando el supuesto ómnibus haya pasado impetuosamente de largo, desatendiendo insultos, brazos extendidos e ilusiones. Hay quienes no admiten ese engaño de la percepción, y se empeñan en correr micros escolares a los que, a pesar de su naranja flagrante, les aseguran que son el 117 y les piden a los gritos que los dejen subir, hijos de su madre.



¿Existirá todavía la línea 111?

El paso del tiempo, que es muy hábil para derribar las convicciones, muestra todo su poder. Debilitado el espíritu y el cuerpo, uno duda de sí mismo, de todo: ¿no habrá cambiado el recorrido?, ¿este palo del que cuelga una lata de dulce de batata, será efectivamente la parada?, ¿tenía que tomarme el 111 o era el 11?, ¿existirá todavía o, acaso, habrá existido alguna vez esa línea de colectivos?



Después de todo, tampoco era tan linda.

Finalmente se llega a la resignación, que achica el peso de los destinos que esperan tras el viaje. Así, se comprende que dormir en plaza Irlanda tiene un no sé qué de aventura, o que no faltará oportunidad de que Ferro vuelva a jugar la final de la Libertadores, o que esa rubia que espera en Villa Urquiza no es tan linda ni tan buena.



Ochenta, por favor.

Rendido ante el destino, perdidas ya las esperanzas, uno se deja librado al azar. Justo en el ápice de su desdicha, divisa una luz a lo lejos. Un poquito después, la luz toma forma y colores conocidos. Y… ¡sí!, ¡es él!, ¡ahí viene! Rojo intenso: ¡36! Al fin, al fin, y cómo pude dudar de vos y yo sabía que vendrías y vuelvo a creer y juro que seré un hombre bueno.

--Hasta Plaza Flores, por favor.
--No papá, tenés que tomarte el que va para el otro lado.



Publicado en el número 2 de la revista Para Mí
Octubre de 2005

martes, noviembre 21, 2006

¡Renovación!

Tras una larga ausencia en el “Libro de quejas”, vuelvo a publicar. Esa oración es casi tan superflua como si en un diario apareciera la frase: “Usted está leyendo el diario”, pero, lamentablemente, ya la escribí, y las computadoras tienen eso de malo: uno escribe algo y ya no se puede borrar más. Por razones de seguridad, no puedo revelar los motivos de mi ausencia; sólo diré que no es una buena idea burlarse de los de la Guardia Urbana, por tentador que sea. Esa gente tiene más entrenamiento en artes marciales de lo que uno cree.

Como podrán notar los que no hayan comido hongos alucinógenos que hacen ver fuegos artificiales saliendo del monitor, el aspecto del blog cambió. Ahora tiene un estilo más parecido al del contenido: es desprolijo, sucio, improvisado. Y también es cuadriculado, aunque no sabría bien cómo relacionar eso con el contenido. Espero poder agregar detalles nuevos al diseño en los próximos días, y si no lo hago, usen su imaginación: imaginen que nunca leyeron esto.

Aunque este regreso al “Libro de quejas” me hace sentir tan bien como alguien que no se está quemando la mano en una hornalla, debo hacer una digresión para hablar de lo que sucede en nuestro país y en el mundo, porque no vivo en una burbuja de esas que venden ahora, que le hacen a uno desinteresarse por su país y el mundo. Sabemos que actualmente los noticieros están a cargo de estudios cinematográficos que inventan las noticias y generan las imágenes por computadora, por eso haré una síntesis de los hechos más significativos ocurridos en el último mes, con la intención de mantener informados a los lectores.

» Política: se descubrió que el senador Juan Carlos Nuñez, quien asumiera su cargo en julio de este año, era un muñeco de gomaespuma.
» El mundo: Científicos de la Universidad alemana de Göttingen afirmaron, tras una extensa investigación, que “el mundo ya es cualquiera”.
» Sociedad: La línea 132 incorporó a sus colectivos paneles luminosos en el frente y orugas todo terreno.
» Economía: No pasó nada.
» Deportes: El Hombre Delivery ganó la Mancuerna de Oro en 100% Lucha. Días más tarde, recibió el Olimpia de Plata en catch.

Finalmente, los invito a que vuelvan pronto; las actualizaciones llegarán con más frecuencia desde ahora. Si es necesario, copiaré fragmentos de Billiken para publicarlos acá. Prometí no volver a hacerlo, pero todo sea por mantener renovado el blog.